El castelón de Coaña es el más popular de cuantos castros se conocen en Asturias.
Desde 1993 el castro cuenta con un aula didáctica en la que se muestra la evolución de la cultura castreña desde su origen hasta el contacto con el mundo romano, cuando la explotación del oro adquirió un papel decisivo en la historia de estos poblados.
El castro fue construido sobre una pequeña colina y delimitado por una gruesa muralla a la que precede, en todo su perímetro, un foso excavado en la roca que aún puede observarse junto a los cuerpos de guardia que flanqueaban la vía en su punto de entrada al recinto.
El camino introduce al visitante hasta el barrio norte, -único sector habitado del poblado, donde se concentran más de 80 cabañas- hasta alcanzar la gran construcción rectangular que se alza frente a la puerta de la Acrópolis, recinto cercado superior, carente casi por completo de edificaciones y donde, se supone, los habitantes del castro encerraban su ganado en momento de peligro. En este punto se alza el torreón, denominación atribuida desde su descubrimiento a una gran plataforma elevada sobre el barrio, a modo de atalaya. Desde aquí pueden apreciarse las callejuelas y pequeñas plazas que conforman la organización urbana del poblado en la que predominan las construcciones de planta rectangular y esquinas redondeadas junto a edificios circulares con porches rectos o curvilíneos. En su interior aún se conservan algunas de las piezas más características del menaje doméstico, como los molinos giratorios de mano o los morteros, fabricados a partir de grandes piedras graníticas con hasta 5 cazoletas, y que son exclusivos de los castros ribereños del río Navia.
El núcleo más singular del poblado es, sin duda, el denominado recinto sacro. Se extiende al pie de la Acrópolis en una pequeña terraza que se alza sobre el camino de acceso. Las ruinas corresponden, en realidad, a dos edificios similares, que se sucedieron en el tiempo y que se caracterizan por la cubierta abovedada de alguna de sus cámaras, cabeceras semicirculares, utilización de hornos, canales excavados en la roca y una enorme tina tallada en granito. Son edificios exclusivos de los castros del noroeste de la Península Ibérica (Portugal, Galicia y Asturias), interpretados, durante mucho tiempo como hornos crematorios. En la actualidad se admite su utilización como saunas de origen prerromano, que fueron adaptadas al gusto clásico durante la época imperial (siglo I d.C.). |